"Liminal" viene del latín limen, umbral. En antropología, un espacio liminal es un espacio de transición: ni aquí ni allá, un umbral entre dos estados. La fotografía de espacios liminales —que se volvió viral en Internet alrededor de 2019-2020— aplica ese concepto a lugares físicos: pasillos de hoteles vacíos, estacionamientos subterráneos a medianoche, parques de diversiones fuera de temporada, salas de espera sin nadie esperando.
Por qué producen incomodidad
Estos espacios fueron diseñados para ser atravesados, no habitados. Un pasillo de hotel existe para llevarte de un punto a otro, no para que te quedes en él. Cuando vemos fotografías de estos espacios completamente vacíos —sin la actividad de paso que justifica su existencia— algo se siente fundamentalmente incorrecto.
"Los espacios liminales nos incomodan porque revelan la artificialidad de los lugares que normalmente experimentamos en movimiento. Detenidos en ellos, vemos su diseño desnudo: funcional, repetitivo, despojado de propósito inmediato."
La estética del "backrooms"
Una variante más extrema de esta estética es el fenómeno "backrooms": imágenes generadas o encontradas de espacios institucionales imposibles —oficinas infinitas con luz fluorescente amarillenta, alfombra industrial que se repite sin fin— que se volvieron la base de mitología creepypasta colaborativa en foros de Internet.
La nostalgia dentro de la incomodidad
Curiosamente, muchas fotografías de espacios liminales no solo producen incomodidad: también producen una nostalgia extraña, casi como la kenopsia (la sensación de un lugar vacío que normalmente está lleno). Los espacios liminales de los años 90 y 2000 —centros comerciales con cierta iluminación fluorescente específica, ciertos diseños de aeropuerto— activan memoria sensorial incluso en personas que nunca estuvieron específicamente en ese lugar, porque todos los espacios de esa época compartían un vocabulario visual similar.

