El male gaze es uno de los términos más usados y más malentendidos de la conversación cultural contemporánea. Se usa para señalar películas, publicidades, fotografías. A veces correctamente. Muchas veces como si fuera un simple sinónimo de "objetificación".
No es lo mismo. Y entender la diferencia importa, porque la diferencia explica no solo cómo funciona la representación visual sino por qué ciertas imágenes se sienten de una manera específica aunque no puedas articular exactamente por qué.
El origen del concepto
Laura Mulvey introdujo el término en su ensayo seminal de 1975, "Placer visual y cine narrativo". El argumento central: el cine clásico de Hollywood estructura la mirada desde la perspectiva masculina heterosexual. La cámara no es neutral. La cámara tiene un punto de vista, y ese punto de vista es el del espectador masculino implícito.
En la práctica esto significa que los personajes femeninos son filmados con una atención particular a su cuerpo —encuadres que fragmentan, que detienen la narrativa para mostrar— mientras que los personajes masculinos son filmados como agentes, como ojos a través de los cuales vemos.
"La pregunta no es si hay mujeres en la pantalla. Es desde dónde las estamos mirando. Quién tiene el poder de mirar y quién es el objeto de esa mirada."
Lo que el male gaze no es
El male gaze no es simplemente "mostrar el cuerpo femenino". Un desnudo puede existir completamente fuera del male gaze. Una mujer cubierta de ropa puede ser filmada completamente dentro de él. La distinción no está en qué se muestra sino en la relación de poder implícita en cómo se muestra.
Una escena de ducha filmada por Paul Verhoeven y la misma escena filmada por Chantal Akerman serían estructuralmente diferentes aunque visualmente similares. El encuadre, la duración, la relación entre la cámara y el sujeto: esas decisiones determinan la estructura de la mirada.
El female gaze como concepto emergente
El female gaze no es simplemente el opuesto del male gaze. No es "una mujer dirigiendo" ni "imágenes de hombres atractivos para mujeres". Es más complejo y más interesante.
Mulvey y las teóricas que la siguieron lo definen como una mirada que no cosifica sino que subjetiviza. Que trata a su sujeto —independientemente del género— como un agente con interioridad, no como un objeto de contemplación. Películas como Portrait of a Lady on Fire de Sciamma o Beau Travail de Denis son estudiadas como ejemplos de female gaze no porque las dirijan mujeres sino porque construyen la mirada de una manera específica.
Por qué importa más allá del cine
La distinción entre male gaze y female gaze no es solo académica. Afecta cómo vemos publicidad, fotografía de moda, videoclips. Afecta cómo evaluamos nuestras propias reacciones estéticas.
Cuando una imagen te incomoda sin que puedas decir exactamente por qué, frecuentemente es porque algo en su estructura de mirada te está tratando como objeto y no como sujeto. Nombrar ese mecanismo no resuelve el problema, pero te da herramientas para entenderlo. Y entenderlo es el primer paso para elegir qué miras y cómo.
El término "male gaze" lo acuñó la teórica del cine Laura Mulvey en 1975 en un ensayo que se volvería uno de los textos más influyentes —y más citados sin haber sido leídos— de la historia del pensamiento cinematográfico. La idea central es relativamente simple: el cine clásico de Hollywood fue creado mayoritariamente por hombres, para audiencias que se asumían masculinas, y como resultado construye una manera de ver donde el ojo de la cámara tiene una posición masculina y heterosexual por defecto.
Esto tiene consecuencias concretas y visibles: cómo se filma a las mujeres (sus cuerpos fragmentados en planos parciales, su presencia como objeto del deseo de los personajes masculinos), cómo se narra su historia (frecuentemente a través de cómo afectan a los hombres que las rodean), cómo se posiciona al espectador (identificado con el protagonista masculino, que mira).
Qué es el female gaze
El "female gaze" no es simplemente la inversión del male gaze —filmar a los hombres de la manera en que el male gaze filma a las mujeres. Eso sería hacer lo mismo con otro objeto. El female gaze, como lo han practicado directoras como Sciamma, Denis, Varda o la fotógrafa Nan Goldin, es algo más radical: una mirada que no objetifica, que muestra interiority (vida interior) en lugar de apariencia exterior, que no separa el cuerpo de la persona que lo habita.
Ejemplos concretos
En Portrait of a Lady on Fire, la escena del baño. En una película con male gaze, ese plano filmaría el cuerpo de Héloïse desde afuera. Sciamma filma la cara. La reacción. Lo que siente. Es la diferencia entre mostrar un cuerpo y mostrar una experiencia.
En la fotografía de Nan Goldin, las fotografías de sus amigos y amantes en situaciones íntimas. No hay distancia voyeurística. Hay presencia mutua: quien fotografía está ahí, forma parte del mundo que fotografía.
Por qué importa más allá del cine
El male gaze no existe solo en el cine. Existe en la publicidad, en la moda, en la fotografía, en los videojuegos. Aprender a reconocerlo es aprender a ver quién tiene el control en una imagen y en beneficio de quién está construida esa imagen.

